A la conquista de Anfield; por @antonturan

A la conquista de Anfield; por @antonturan

Dos días. Solo dos días para la batalla, para visitar el fortín de Anfield; para defender la renta cosechada en la ida del Metropolitano. La distancia que separa el cielo del infierno. El trecho que nos separa del momento que puede marcar una temporada y, quién sabe, un proyecto.

Dos ejemplos recientes en mente: uno bueno y uno nefasto. Comencemos por el nefasto, pues. Un ejemplo que, inevitablemente, acude a la mente y retina de todo aficionado atlético: Turín. Una aciaga e infame lección sobre lo que no se debe hacer, bajo ningún concepto. Una enseñanza que marca el camino al infierno.

Impasibles, indiferentes, faltos de iniciativa y carácter. Totalmente superados por las circunstancias, sin rastro de ese gen “atlético”, de ese gen “guerrero” del que tanto puede presumir este club, sobre todo en días importantes. Sin alma. Así es como, hace un año, se presentaba el equipo, con una ventaja de 2 goles a 0, a disputar la vuelta frente a la Juventus. El resto es historia: una gran lección sobre lo que este equipo no debe hacer nunca, pase lo que pase. Jamás.

Porque, como observamos y demostramos al mundo en la ida frente a los de Klopp, este equipo necesita lo que lleva en su esencia: carácter y garra. Intensidad, una palabra tantas veces repetida pero tan imprescindible en el Atlético del ‘Cholo’. Ese equipo capaz de ganar a un Liverpool invicto desde tiempos inmemoriables, pero también de caer eliminado, unos meses antes, contra un 2ºB.

Ahí está la clave: entrar al partido como el Atlético de la ida frente a Liverpool o Juventus el año pasado, donde también quedó plasmado ese elemento totalmente imprescindible para que este equipo gane y compita: intensidad, hambre. Turín debe servir como ejemplo y enseñanza del Atlético que no podemos ser, bajo ningún concepto.

Echando la vista atrás en el tiempo, otro ejemplo, esta vez de lo que sí es el Atlético de Madrid: aquella vuelta de semifinales en forma de epopeya, en forma de épica, contra el Bayern de Pep. Una vuelta donde sufrimos y aguantamos, con uñas y dientes, uno de los inicios de partido más fulgurantes e impresionantes de las últimas ediciones de Champions. Una auténtica batalla de supervivencia contra un Bayern colosal, que no dejaba de arremeter una y otra vez contra la puerta de Oblak.

Cuando nadie lo esperaba una vez visto el inicio del encuentro, los guerreros del “Cholo” decidieron hacer lo que mejor se les da: plantar batalla. Atrincherados, pero sin renunciar a salir con peligro a la contra, sin perderle el pulso a los de Pep en ningún momento. En un Allianz Arena que parecía una olla a presión, el Atlético sacó ese gen “guerrero” y fue más Atlético que nunca.

Pese a irse al descanso perdiendo por un gol a cero, por mediación de Xabi Alonso, la entrada de Carrasco, el espíritu guerrero y el no perderle nunca la cara al partido propiciaron esa dejada de Griezmann para Torres, con el posterior y descomunal pase al espacio del “Niño” para que el francés batiese a Neuer por bajo, anotando el 1-1 en el infierno de Munich.

El resto es de sobra conocido, Lewandowski anotaría el 2-1 pero la máquina ofensiva de Pep no conseguiría doblegar al aparato defensivo, duro y compacto, de Simeone, que incluso podía haber empatado el encuentro con un penalti fallado por Torres. El Atlético había luchado contra viento y marea, a base de sangre y sudor, hasta lograr el pase a la final. Un auténtico ejercicio de supervivencia, entrega y constancia. De cómo jugarle la vuelta a un grande.

Volviendo a nuestros días, a poco más de 54 horas para el comienzo de la batalla, el “Cholo” tiene motivos para creer. El entrenador argentino sabe cómo debe jugar (y cómo no) la eliminatoria. Además, contará con un João Félix resurgido tras su lesión y en su mejor versión de toda la temporada, en la cual parece, al fin, haber encontrado más regularidad, sobre todo en el juego.

Será totalmente fundamental no meterse atrás, no encerrarse. No entregarle el control total de las jugadas de ataque a los de Klopp, limitándose a despejar y defender encerrados en el área. Turín es buen ejemplo de ello. Hay que anotar un gol como sea, mejor en el primer tiempo. La clave será lo que vimos en el partido de ida: un bloque compacto y sin fisuras, con los laterales y centrales atentos a los movimientos de los hombres de ataque: Salah, Manne y Firmino.

Con el equipo organizado en un bloque fuerte, consistente y sin fisuras, pero sin ir replegando poco a poco y encerrándose. Todo lo contrario: saliendo al ataque con rapidez y velocidad en cada ocasión posible, pues, como vimos en la ida, con poco se puede lograr mucho. Habrá que aprovechar los posibles espacios que cree un Liverpool volcado al ataque, por eso será tan importante no tener la línea tan atrás, para robar en zonas del campo más adelantadas y salir al ataque con peligro.

Será un partido no apto para cardíacos. El “Cholo” es consciente de que, más allá de cualquier táctica u orden, lo importante será salir como el Atlético de la ida en el Metropolitano, sea de esta 2019/2020 o la de la pasada edición de Champions contra la Juventus. Además, visto el partido del Sevilla, posiblemente veamos cambios en la defensa con una hipotética entrada de Vrsaljko, mucho más en forma (sobre todo en la faceta defensiva) que Trippier, e incluso la de Giménez por Savic.

Las cartas están echadas. Han pasado ya diez años desde que Forlán, en el minuto 116 de aquel treinta de abril, fusilara la portería de Reina a centro magistral de Reyes para pasar a la final de la Europa League. El día que el charrúa, con un doblete, puso Anfield a sus pies. El día que ese famoso “gen atlético” irrumpió con fuerza en cada jugador rojiblanco.

Porque Simeone sabe qué Atlético debe ser para sobrevivir de nuevo al infierno. Qué gen debe activar en sus pupilos. “A morir, los míos mueren”. ¡Que comience la función!

 

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