Ángel Correa: futbolista de barrio e historia de superación; por @antonturan

Ángel Correa: futbolista de barrio e historia de superación; por @antonturan

Ángel Correa es el jugador del momento en el Atlético de Madrid. Tras estar a punto de abandonar el club en verano en detrimento de Rodrigo Moreno, el argentino ha demostrado a base de juego, goles y asistencias que su estancia en el club todavía puede ir para largo. Con 5 asistencias y 3 goles anotados, el delantero (banda)  se ha convertido, junto a Morata, en el jugador con mayor producción ofensiva de la temporada. Esto, claro está, sin ser titular indiscutible. Sin embargo, llegar a la élite no fue nada sencillo para el de Rosario.

Correa pasó una infancia difícil en el barrio Las Flores, donde aprendió los aspectos más crudos de la vida con las muertes de un hermano y de su padre. Una infancia muy pobre y humilde, pero también peligrosa. “Mi barrio es muy jodido; allí perdí a muchos amigos por alguna bala, por estar en un lugar donde no debían estar. Cuando era chico nunca tuve un juguete, a lo mejor alguna pelota, y la verdad que con ella éramos felices”.

“El recuerdo más feliz de niño que tengo es cuando mi papá me acompañaba a jugar al baby fútbol. Tuve la suerte que hasta los 10 años me llevó él y cuando falleció me siguió acompañando mi padrino. Eso fue lo mejor, que me llevaba a todos los partidos y le decía a todos que iba a llegar a primera yo siendo un niño”, confesó recientemente Correa en El Transistor.

“Los viáticos que recibía cuando mi padre murió yo se los daba a mi madre. Era muy poco, sería mil pesos, y eso nos ayudaba para comer solamente una vez al día. Mi mamá me decía ‘yo no tengo hambre’ y era para que comamos nosotros un poquito cada uno. Pensaba, ‘qué raro, nunca tiene hambre mi mamá’. Y la veía delgadita, ella siempre tomaba su mate o mate cocido. Cuando crecimos me terminé dando cuenta que era para que comamos nosotros. Ella es una guerrera”, remarcaba el delantero en relación a su infancia.

Así, el fútbol siempre fue una mezcla entre diversión y vía de escape para Correa. Debutó con San Lorenzo en 2012 y dos años más tarde festejaba el título de la Copa Libertadores. Fue quemando etapas y destacando en las inferiores de Argentina y a los 18 años le llegó la oportunidad del Atlético de Madrid, pero, como todos saben, primero tuvo que pasar una prueba durísima cuando en el reconocimiento médico con el club rojiblanco le detectaron una anomalía de corazón. 

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Finalmente, el argentino pudo superarlo sin problemas tras estar medio año inactivo, y en diciembre de 2014 pudo debutar al fin con el club del que era hincha de niño. Remontándonos a la actualidad, en la entrevista de Onda Cero el rosarino se confesaba también acerca de la operación salida del verano: “Fue muy raro y muy duro por mi familia, estamos muy bien en Madrid y yo amo al Atlético. Es verdad que el Milan me quería, pero el club decidió que debía seguir acá y acá estoy dando pelea. Sabía que había varios equipos que me seguían, pero por suerte sigo acá en el Atlético y estoy feliz. Tengo muchas cosas por mejorar y por darle al equipo. Espero tener un gran año” 

En tiempos donde el mundo del fútbol está perdiendo esa esencia “canchera”, ese “fútbol de barrio” vertiginoso y agitador, el ‘10’ del Atlético es una “rara avis” en el panorama futbolístico, sobre todo en el del Atlético. Con unos primeros meses de juego ramplón y falto de ideas, de chispa, de gente que aportase algo diferente en el conjunto rojiblanco, el chico que estuvo a punto de abandonar el barco en verano, Ángel Correa, ha resurgido para aportar ese fútbol explosivo, esas gambetas, esas fintas, ese juego que practicaba cuando era sólo un niño en el barrio de las Flores. 

Giros, verticalidad, controles orientados de espaldas, túneles, sombreritos… todo lo que no puede aportar ningún otro futbolista de la plantilla, lo puede dar el argentino. El gol y el gran partido frente al Levante son sólo un ejemplo de lo que puede y viene haciendo en las últimas jornadas un futbolista diferente, que lleva años tratando de explotar y que la temporada pasada no tuvo un año especialmente bueno (aquel empujón a Bernardeschi hizo mucho daño). Pero, esta temporada, parece empeñado en enmendarlo. 

Porque ese fútbol callejero, ese “atreverse” que tanto hace falta pero que tan pocos tienen, le viene de perlas al “Cholo”, su compatriota y principal valedor. Puede que pierda balones, pero los pierde encarando, buscando hacer cosas distintas. Porque si algo viene caracterizando a Correa en los últimos años es esa capacidad para hacer una jugada maradoniana y fallar la jugada siguiente por no escoger la mejor decisión. Sin embargo, parece que viene trabajando para corregirlo, pues esta campaña se le está viendo mucho más centrado y acertado en casi todas las acciones. 

Actuando de segunda punta o reconvertido a banda, como viene siendo habitual, tan solo necesita recibir el balón al pie para girarse, inventar, desequilibrar y romper líneas rivales. Una virtud que Simeone, hoy por hoy, no encuentra en ningún otro futbolista (puede que Joao Félix, que aún está empezando a carburar pero con unas características algo distintas). Insisto, ese talante agitador, esa intención de encarar, gambetear y buscar portería es algo que ya muy pocos futbolistas poseen, un tesoro cada vez más preciado. Una virtud forjada desde muy pequeñito en esos barrios de Rosario.

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Además, Correa posee una gran inteligencia para detectar las zonas libres entre líneas defensivas, situarse entre ellas y fintar o encarar, ofreciendo siempre una solución individual que aporta verticalidad y creatividad a la jugada. El argentino, siempre activo, es capaz de caer a banda, recibir entre líneas y activar a su equipo mediante ese giro tan característico y el desborde para decantar el ataque a su favor, gracias a su talento individual. Un futbolista imprevisible y eléctrico.

En temporadas anteriores, sobre todo la pasada, la falta de continuidad, las importantes pérdidas en zonas comprometidas fruto de una aparente “desconexión” y esa nula capacidad para elegir la mejor decisión, fueron los factores que decantaron la balanza en su contra. Con todo, como decía antes, el argentino ha demostrado, a base de juego y mucho trabajo, que está aquí para ser importante. Un chico el cual recibió críticas desde un sector de la afición (entre el que me incluyo, llegados hasta este punto), pero que nunca tuvo una mala palabra, sino todo lo contrario. Profesionalidad y más profesionalidad. 

Sus números hablan por sí solos: 3 goles y 5 asistencias pese a no ser un indiscutible -hasta ahora-  y jugando, recordemos, en banda derecha. Ángel Correa está demostrando que algunos estábamos muy equivocados al pedir su salida por el fichaje de Rodrigo. Y lo está haciendo con ese fútbol callejero tan característico y necesario, con esos atributos y virtudes que tanta verticalidad e improvisación aportan al equipo. Esas que perfeccionó en el barrio y ahora refleja a la perfección en el Metropolitano. Esas que lo han convertido, a día de hoy, en una pieza clave y fundamental, y así seguirá.

Porque ya lo saben: el Atleti tiene ‘ángel’. Un Ángel con mucho corazón.

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