No fueron los únicos uruguayos, porque allí anduvo también la familia Giménez al completo. Los dos niños acompañaron a su padre mientras la mamá lucía a la espalda la bandera charrúa.
Más tarde, rozando ya las cuatro de la madrugada, Koke acudió a Neptuno para colgarle (subido en una grúa) una bufanda rojiblanca. Además, el capitán tuvo un gesto precioso al colocarle también un brazalete negro en señal de luto por el joven de 14 años fallecido durante los festejos de la ciudad. El centrocampista acabó llevándose el trofeo a su casa, donde sus vecinos y familia le tenían preparada y gran sorpresa.